Lo que se esconde detrás de tu malestar

¡¡Holaaaaa de nuevo mi gente preciosa!!! Ya sabéis que todos los jueves me gusta estar aquí, cerquita de vosotras, o al menos, presente, ya sea en podcast (que sé que os gusta bastante más) o en blog. Hoy ha tocado blog (lo siento, tengo que ir variando según me dicen los de Marketing 🙂 ) 

Y hoy es que quiero escribir sobre el tema estrella que me encuentro siempre en cada sesión o taller: DUDAS o IGNORANCIA, y cuando digo ignorancia, me refiero a que ignoramos o no sabemos lo que nos pasa, y así, es normal tener dudas. Dudas acerca de si seguir o no en un trabajo, si dejar o no a una pareja, si hablar y decir lo que sentimos o callarlo, si estudiar o pasar… miles de dudas. ¿Motivo? Ignoramos el motivo real que nos lleva a esa duda.

Y es que cuando que os pregunto ¿Qué te gusta? O ¿Qué quieres?, ¿Qué te haría feliz?, ¿Qué te falta?… la respuesta suele ser un “NO lo sé” o, en su defecto, nombráis a otras personas: “estar con…”, “ver a…”, “que mi (no se quién) tenga esto o apruebe lo otro…”. En resumen, que lo poco que respondéis suele ser enfocado a otras personas, y así, normal estar mal. Y es que lo peor es que ese estado, de no saber pero no estar bien, es más común de lo que crees, y más difícil que cuaquier otro, porque al no saber, no podemos solucionar, por eso, a todo el mundo que viene a coaching le digo lo mismo: YA TIENES UN BUEN CAMINO HECHO AL ESTAR AQUÍ, porque si, porque al menos sabes que quieres saber, y sabes que ahí, vas a descubrir qué necesitas.

El resumen de esto podría ser que hay algo que no estás sabiendo explicar… pero sabes que está

No estás mal.
O al menos eso es lo que dices o lo que le haces ver al mundo (y a veces a ti misma/o)

Tu vida, en teoría, está bien.
Cumples. Llegas. Respondes.
Haces lo que toca. ¡Y ese justo es el problema inicial de todo lo que te pasa!

Ese justo es ese: hay algo.

Algo que no sabes poner en palabras.
Algo que aparece en momentos concretos.
Cuando te quedas sola.
Cuando paras (aunque casi nunca paras).
Cuando te metes en la cama y el ruido empieza.

¿Te pasa?

Esa sensación rara de no estar bien… sin saber exactamente por qué.

Como si algo no encajara.
Como si estuvieras viviendo una vida que funciona… pero no se siente.

Y entonces empiezas a darle vueltas.

Quizá es el estrés.
Quizá es el trabajo.
Quizá necesitas vacaciones.
Quizá es una mala racha.

Pero pasan los días.
Y sigues igual.

Y es lo que te decía al principio, es normal seguir igual si no sabemos cómo avanzar. Imagina estar mal, querer curarte, pero no saber qué te duele… vas a médicos al azar, no les explicas y ellos no te pueden ayudar… pues esto es similar. 

Y lo peor es eso, el quizá, ese quizá que siempre nos lleva a culpar lo más banal, lo que está pasando en el momento, lo más superficial: estrés, trabajo, unas vacaciones… sin dejarnos ver lo que pasa dentro, cuál es el detonante real y qué llevamos guardando tanto tiempo que nos ha hecho explotar. 

Y aún viendo esto, seguimos y seguimos… sin avanzar, en el sitio…

¿Sientes que todo sigue su rumbo, pero tú no avanzas?

Sigues siendo la misma.
Haciendo lo mismo.
Sintiendo lo mismo.

Y piensas, ¿entonces por qué ahora estoy mal? Si antes era igual y estaba bien. Pues porque quizá no estabas tan bien y no te dabas cuenta, o porque lo que antes te hacía feliz, ahora ya no, así de simple, pero así de complejo, y como sigues haciendo lo mismo, obteniendo mismos resultados, tu estado emocional te está diciendo que por ahí no es, al menos YA no lo es.

Es como si estuvieras en un bucle.

Un bucle en el que:

Sabes que algo tiene que cambiar… pero no sabes el qué, ni el cómo, ni por dónde empezar.

Y mientras tanto, haces lo que sabes hacer:

Seguir.

Seguir para que todo esté bien.
Seguir para que nadie note nada.
Seguir porque “no es para tanto”.
Seguir porque hay cosas más importantes o porque la gente te necesita…

Pero… ¿y tú?

¿En qué momento has dejado de ser importante?

¿Cuánto hace que no haces algo simplemente porque te apetece?

¿Cuánto hace que no te escuchas de verdad?

¿Cuánto hace que no te preguntas cómo estás… sin responder rápido “bien”?

Hay algo que quizá no te estás permitiendo ver (o no quieres ver):

No estás cansada solo por lo que haces.
Estás cansada de sostener una versión de ti que ya no te encaja y eso nos escuece mucho, porque muchas veces, nos lleva a tener que romper con cosas, situaciones o personas que ya no nos hacen felices, pero a la vez, son nuestra zona de confort, y ahí es cuando viene el conflicto, porque claro, sabes que, si te quedas, estás mal, pero si reaccionas, lo pasarás mal también por el efecto que tendrá en el resto… y ahí es donde la mayoría de gente se estanca.

Cuando no miras hacia dentro, sigues en el rol:

– De estar para todos.
– De cumplir con todo.
– De no fallar.

– De no fallarte… aunque en realidad sí lo estés haciendo.

Y aquí viene la parte incómoda.

La que normalmente evitas.

Porque no es que no puedas cambiar.

Es que, como te decía antes, cambiar implica cosas que dan miedo.

Implica empezar a decir que no.
Implica que alguien se moleste.
Implica salir de lo que conoces.
Implica dejar de sostener ciertas cosas.

Y eso… pesa.

Por eso sigues donde estás.

No porque no quieras estar mejor.
Sino porque no sabes cómo atravesar lo que hay en medio, porque cuando lo intentas duele y reculas, y vueles al punto de inicio…

Ese momento en el que todo se mueve.
En el que dudas.
En el que sientes culpa.
En el que parece que estás haciendo algo mal por empezar a hacer algo bien para ti.

¿Te suena?

Entonces quizá no te falta claridad.
Ni fuerza.
Ni ganas.

Quizá lo que te falta es entender qué te pasa de verdad.

Y dejar de mirar hacia fuera para empezar a mirarte dentro.

Aunque incomode.

Aunque no tengas todas las respuestas.

Aunque no sepas aún qué hacer con todo eso.

Porque hay algo que sí es claro:

Seguir igual… también tiene un precio, además, mucho más alto, porque al final, como digo siempre, dejar algo requiere valor y un tiempo de aerostación, pero sostener algo que te hace mal, toda la vida, eso si es un precio alto.

Y lo estás pagando.

Cada día que te ignoras.
Cada vez que te callas.
Cada vez que te dejas para después.

La pregunta no es si puedes seguir así.

La pregunta es:

¿Hasta cuándo quieres hacerlo?

De corazón te digo que si escribo esto es porque lo veo constantemente, así que no te culpes, no te machaques… simplemente, mira a ver qué es eso que te lleva a estar desmotivada, mal, triste, ansiosa… y, si sabes la respuesta, trata de cambiarlo. 

Y como siempre digo, si no puedes sola, está bien, realmente no deberíamos nadie de hacer este camino sola, así que pide ayuda, déjate guiar y sobre todo, sé valiente.

TE ABRAZO INFINITO Y TE MANDO UN BESO Y MUCHO CARIÑO PARA TODO LO QUE VENGA. 

Recuerda que tienes gratis el acceso a la comunidad para enterarte en vivo de todo lo que va sucediendo: podcast, clases, talleres, fechas… te lo dejo por aquí COMUNIDAD MERAKIVA

Vanesa 🙂 

También te puede interesar

Contáctanos

    Categorías

    Merakiva Terapias
    Resumen de privacidad

    Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.